lunes, 14 de junio de 2010

Fútbol, cobardía, religión, árboles...

Reseña

(Correo, 7 de noviembre del 2009)

De Andrés Bedoya Ugarteche

Esta maquiavélica y, extremadamente, divertida columna, presenta una crítica tajante y un tanto irónica, no a la religión y sus peripecias, ni al fútbol con su “no lógica”, sino a sus seguidores y fanáticos. El columnista divide su artículo en dos como si fuesen textos completamente diferentes, pero la conclusión es conjuntamente tácita.

La primera parte del texto se refiere al ambiente que se requiere para convertirse en religioso; un ambiente hostil, de miseria, de deshumanización constante que se necesita para empezar a buscar otras opciones de vida tan pomposas como es la fe en Dios o en lo que sea. El autor hace una pequeña estadística del porqué de la mayoría de cristianos vive en países pobres, ahogados por un mundo acelerado; y la minoría de creyentes, en países exitosos en conjunto y en individualidades.

En la segunda parte hace una crítica negativa a partir de un hecho bochornoso en la historia de la barra brava peruana: un grupo de individuos desadaptados, pertenecientes a la hinchada de Universitario, mataron a una chica de 25 años arrojándola de un bus en medio de la avenida Javier Prado. Estos hinchas se convierten en su tablero de dardos: los tilda de deshumanizados, es decir, de no pertenecer ya más al significado de humanos, de haber entrado a tal decadencia humana que deben ser desterrados o eliminados de la faz de la tierra. Por último, intercepta a sus futuras críticas autollamándose racista, nazi, entre otras calificaciones igual de densas.

Personalmente no creo en ninguna religión y, además, no creo en Dios o en alguna divinidad, paranormalidad y extras. Pero eso sí, soy hincha acérrimo de Alianza Lima. Si utilizamos el mismo raciocinio que usamos para ser ateos, lo lógico sería no hacer caso a pasiones como el fútbol. Pero aparte que no entiendo para que se hace canas amargándose con idiosincracias, Ugarteche debe entender que puede que Dios no exista, que la pasión por el fútbol o por cualquier cosa sea una insensatez, pero la divinidad, la preciosidad del sentimiento cuando tu equipo gana o cuando en un momento de soledad te ves respaldado por un ente divino, digno de ser tu psicólogo personal, es incomparable... y solo alguien con un poco de pasión o fe lo ha sentido. Entonces, si creer en algo me hace feliz, si es satisfactorio creer en algo que no existe, ¿por qué no creer en ello?

En suma, no hay que malgastar nuestro tiempo criticando cosas que forman parte de las personas: en estos tiempos la libertad individual está encima de todas las cosas, o así debería ser...


Uno de nosotros comenta:

"Consideramos divinas las biblias y las religiones - y no digo que no lo sean, Digo que tú las has desarrollado, y que aún las puedes desarrollar, No son ellas las que dan vida, eres tú quien da vida, Como las hojas brotan de los árboles y los árboles de la tierra, aquéllas brotan de ti". Whitman.

Creo que Ugarteche se debió referir un poco más a este verso. Nunca sabremos si el hombre, como dice Kant, es más feliz sin un Dios, pues eso es imposible dentro de lo que planteas como "pasión". Pero, es cierto, a veces necesitamos algo más que la verdad, nos merecemos más.

Otro de nosotros afirma:

No sé si el humano sea capaz de encontrar o llegar a la verdad, quizás sea por eso que como seres subjetivos y con capacidad de discernimiento busquemos, como dices, algo más allá de la verdad. Tampoco sé si todo lo referente al humano sea verdad, si debemos afirmar la primacía del grupo por sobre el individuo.

Pero no soy Nietzsche, ni creo en todo lo que dice, pero tuvo razón al decir: "El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo."

Sé algunas cosas, pero más son las que creo, al final me queda la esperanza.

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