miércoles, 4 de agosto de 2010

Dios los creó hombre, mujer y neutro.


Nuestra generación no solo ha presenciado el incremento de las redes sociales y su uso (léase Facebook, Twitter, Flickr, Google Buzz, MySpace o Hi5), ni se limita a preocupaciones como el sedentarismo, el calentamiento global y los problemas que trae el Internet (chequeen la Declaración de los Derechos Digitales, por ejemplo). No señores y señoras. Manden a dormir a los niños y cierren ventanas, porque el matrimonio homosexual está a la puerta de la esquina.

La tendencia homosexual existe desde tiempos inmemorables, ha marcado nuestra historia, nuestro entorno y, a veces, nuestra vida. Una diferencia, destacable, de los últimos años, es la organización en torno al reconocimiento de derechos civiles de los homosexuales, como el matrimonio. Y, por qué no, vemos también resultados: hace poco nos sorprendió la primera persona reconocida oficialmente como de género sexual neutro y, en el sur, el senado autorizó el matrimonio gay.

Ya no es una realidad alejada a nosotros, sino pregúntenle a Vargas y su propuesta. No nos queda de otra que enfrentar el "problema". Primero que todo, ¿es malo ser homosexual? ¿es bueno? Creo que la pregunta precisa es: ¿Tiene que ser malo o bueno ser homosexual? ¿No puede ser simplemente ni malo ni bueno? ¿Por qué debemos de darle un juicio moral a este tema en esos términos?

Recordemos que son personas como nosotros, que pueden ser tu padre, tu hijo, tu hermana o hasta te puedes dar cuenta que tu mismo lo eres. En la época de la guerra de secesión (a ya por la tierra del Tío Sam) se pensaba lo mismo de los negros: qué eran malos, qué eran incapaces de ser independientes, qué mil cosas más. Y ya ven quién está en la casa blanca ahora. Entonces ¿por qué impedir que una minoría (aunque ya no creo que sea tan cierto esto) acceda a derechos civiles como el matrimonio? Escucho las voces que me dicen que no me he puesto a pensar en los niños, en su educación, etc. Pero es lógico, si aceptamos a los homosexuales como ciudadanos plenos, tendremos que cambiar la forma de educar a nuestros hijos. Además, ¿cómo pueden afirmar que los van a criar mal? ¿acaso la "mal crianza" no se da ya en las parejas heterosexuales?

Humildemente, pienso que no debemos temer tanto al cambio. Ojo: Arriesgar no es igual a apresurarse. ¿Ustedes que piensan?

pd: Les dejo un blog importante a respecto de la defensa de los homosexuales. Haga click aquí.

Más sobre el tema en: No es un delito estar de acuerdo.

Uno de nosotros asienta:

Me parece magnífico, genial, espléndido ver que a poco a poco se priorizan nuestros deseos individuales. La legalización del matrimonio gay es un gran paso para cumplir ese objetivo. Un objetivo que no hace nada más que hacer felices a las personas sin dejar daños a los costados. Podrá generar angustias y molestias por desacuerdo, pero esas actitudes egoístas y succionadoras de progreso y felicidad debemos empezar a desdeñarlas.

No se pide liberalismo, sólo que nuestros gobernadores -y hablo por todo el mundo(literalmente)- sepan que no podemos impedir ningún deseo por más trivial que sea y que debemos hacer de esta época una sucesión de cambios para bien -ya lo viene siendo, no la detengamos que vamos por buen camino-.

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