
Vivo en una etapa muy difícil de mi vida. Debo decidir, o permitirme soñar, que seré mas adelante. Economista, político y músico. Esas son mis únicas opciones. Es decir, si quiero ser algo en la vida, esos tres oficios son los indicados y, tal vez, los más cercanos a la realidad a la cual pertenezco ahora. Me falta mucho que experimentar para poder decidir que quiero ser en mi vida y seguiré pensando que no me queda de otra que ejercer una de esas tres profesiones. Es aterrador. Pensar que ya puedo tener mi vida hecha, con subidas y bajadas como todas, pero siguiendo una línea, la cual, si quiero tener éxito personal-y ni siquiera éxito profesional o social- tendré que amilanarme a esta.
Deseo y quiero como toda persona. Sin embargo, desgraciadamente, tenemos límites y no podemos ser abogados, chefs o escritores al mismo tiempo. Tantas cosas que al final no voy a poder ser, que no creo que muera feliz. Tener una esposa o ninguna. Criar dos hijos o cuatro. Todas son opciones válidas. Tengo que hacer en una vida lo que considere correcto para mí.
Ahora, ¿qué es lo correcto para mí?. Antes que nada, lo correcto no tiene una definición general. Cada persona considera para sí misma ciertos estándares de lo que está bien y está mal; sin embargo, la mayoría de gente opta por seguir un tipo de estándar, ya sea por la cultura de una sociedad o por un solo ente(en menor proporción esta opción). Lo correcto para mí, entonces, es no atentar contra otras personas teniendo en cuenta que estas pueden pensar completamente diferente, y a partir de eso, vivir como yo crea que esté bien y disfrutar de los pequeños momentos felices que en la mayoría de casos nos son esquivos. Las metas u objetivos que nos trazamos, ya sea tener éxito como guitarrista de una banda o como abogado de los pobres, no creo que nos den la verdadera felicidad, a lo menos nos arrancará una súper sonrisa o un grito al cielo, pero cuando lleguemos al tren y estemos haciendo las última cuentas, sólo serán lágrimas nostálgicas que nos recordarán lo que no pudimos hacer.
Seguro que habrá personas que me digan que la felicidad puede consistir en cumplir sus metas. Están en todo lo cierto si creen que las proyecciones y las metas forman parte del conjunto de momentos de risa y júbilo que es la felicidad. Si, por lo contrario, creen que la felicidad es algo a largo plazo y de peso doble al final del ciclo, pues creo que no coincidimos.
Yo no quiero hacer una oda al aburrimiento o al pesimismo, por el contrario, comparto el gusto por la felicidad eterna; sólo digo que a pesar de esta, cuando llegue el cese de nuestras vidas, no podremos decir que estamos felices por vivir lo vivido porque se habrá ya acabado y no habrá a quien darle las gracias ni nada. Estaremos en la nada sin posibilidad al recuerdo.
Uno de nosotros comenta:
La vida... la vida es muchas y pocas cosas al mismo tiempo. Yo creo humildemente que la felicidad, en la vida, no es necesariamente una meta (no es que tampoco quiera ser feliz) sino un estado emocional coyuntural, y en excepciones casi permanente.
La vida se tiñe de más que un trabajo, si bien este es determinante o al menos muy importante, pues está la familia, los hobbies, los amigos, y muchos otros matices de la vida. La vida, y la felicidad, depende para mí en disfrutarla de compartirla con otras personas, no puedo ser feliz en la soledad. La vida también depende de la satisfacción y la realización personal.
Economía, esa es mi opción profesional. La felicidad tampoco puede completarse sin sueños: Yo quiero ayudar a mi país, tener una familia con dos o tres hijos, vivir en el campo. Vivir el momento, pensar el futuro. La vida es compleja, solo queda vivirla.
Otro de nosotros comenta:
La felicidad no es un objetivo, es un camino.
Es como escalar un nevado: la aventura, la emoción, la felicidad, está en cada pequeña pisada del camino. Todo esto para cuando lleguemos, observemos la inmensidad del Todo y digamos "Mierda, soy un punto en el infinito. Al menos lo disfrute".
Otro de nosotros infiere:
La felicidad es muy relativa, dependiendo de los distintos contextos en los cuales viven las personas. Para un cristiano ortodoxo puede ser ver a Jesús en persona, para Hitler pudo haber sido orgásmico ver al mundo a sus pies, para ti puede ser pertenecer a un grupo de rock mientras diriges la economía mundial. La felicidad no es tangible, no es un objeto. Se trata de cómo cada quien percibe lo que representa a felicidad.
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